SHOWMATCH 2O AÑOS - PAÍS: ARGENTINALa gracia y el desparpajo de los comediantes no es puesta acá en cuestión. Sin embargo, la gracia del sketch se basa en el sufrimiento de un tercero, que no es ni el comediante ni el público.
Quizá me estoy adelantando a los hechos y lo mejor sería esperar un poco, pero lo cierto es que –teniendo en cuenta tantas críticas injustificadas en el pasado– me sorprende la escasa reacción de los medios para con algunas características del retorno de Marcelo Tinelli a la televisión. Siempre me pareció que el escándalo que en algunos provocaba la obsesión sexual del programa era la expresión de un puritanismo retrógrado. Al fin y al cabo, ver a mujeres desnudas refregándose contra un caño por televisión después de las 22 no es sino una prerrogativa de personas adultas que deciden libremente sobre el contenido de sus entretenimientos. No había en ese caso “víctimas inocentes”. Con esa expresión un poco pretenciosa quiero describir que sólo se trataba de adultos viendo a otros adultos que consentían en mostrarse con poca ropa y sugiriendo movimientos sexuales. Nadie era engañado y todos hacían uso del libre ejercicio de sus facultades.En su momento, mucha gente se mostraba escandalizada; no es de extrañar en un país donde un buen alumno puede ser expulsado del colegio sólo por llevar un preservativo. Ahora no les salta el indignómetro por motivos mucho más criticables. En la variopinta oferta de ShowMatch de esta temporada, se nos ofrecen un par de secciones en las cuales se puede hablar perfectamente de “víctimas inocentes”.Una, obviamente, es la cámara sorpresa, o como se llame, la famosa “jodita para Tinelli”. Una modelo boliviana, el pasado martes, fue sometida a una serie de humillaciones que la hicieron llorar. La gracia y el desparpajo de los comediantes no es puesta acá en cuestión: no nos escandaliza ni el desnudo de Listorti ni la canción salvaje de Yayo. Ambos pueden resultar, legítimamente, desopilantes. Sin embargo, la gracia del sketch se basa en el sufrimiento de un tercero, que no es ni el comediante ni el público. Una cosa es no poder evitar reírse de alguien que se resbaló pisando una banana; otra, muy distinta, es poner la banana a propósito para que se resbale. Algunos amigos, para defender el segmento, me dicen que está todo arreglado y que la supuesta víctima estaría al tanto de todo. En ese caso, el tercero excluido, la victima inocente engañada, sería el público. Las cosas no cambian demasiado.El otro ejemplo es el segmento “Bailando kids”, que pone a competir a niños de entre seis y diez años. Siempre es gracioso ver a chicos haciendo cosas de adultos, tanto como vestir a un mono con traje y sentarlo junto a un escritorio. El tema es que en el programa los pequeños están participando de algo que no alcanzan a entender ni a procesar bien. Las consecuencias de la exposición mediática, la incontinencia verbal de los jurados, las implicancias sexuales de sus movimientos, todo no puede estar más alejado de su mundo habitual.
Por todo esto es que me sorprendió la sencillez y frescura que encontré en Paraguay, sin ofender, sin humillar, sin desnudarse, solamente haciendo reír, que al fin y al cabo es a lo que se apunta. Una vez más, felicitaciones Domingo en Folklore !!

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